CAMILA
PRIMER ACTO Abrochó el abrigo, colocó sobre la cabeza la toquilla de lana, se paró bajo el umbral y dejó que sus ojos se acostumbrasen a la oscuridad. Respiró el frio. Enormes copos flotan en silencio y engordan la capa blanca sobre el suelo. - ¡Marcho! – dijo al interior de la casa. Y echó a andar tras la silueta que sujeta el candil. A su espalda, una pareja de sombras con escopeta al hombro. Camila tiene treintaytantos. Cuida de un marido estraperlista, dos críos, dos crías, un mulo, un perro, una cerda, tres gatos, siete conejos y un lagarto bicéfalo (este último a su pesar, “le da repelús el bicho, pero Ángel le tiene cariño”). A Camila la llaman para los partos y para las mortajas. Sabe de dar la bienvenida y de preparar la despedida, como lo hicieron su madre, su abuela, todas las que fueron orilla antes que ella. Colecciona esquelas en una lata y, aunque analfabeta, conoce el contenido de cada una. También trabaja la huerta y domina los remedios de las p...







